Comunidad y convergencia

La desigualdad, fragmentación y segmentación han estado presente en nuestro territorio desde el México prehispánico hasta tiempos actuales; se han constituido incluso como características naturales e inherentes a la mayoría de las sociedad y por supuesto que México se incluye, especialmente cuando por lo menos el 50% de la población del país se encuentra en una condición de pobreza que la separa notablemente de lo que muchos sociólogos llamarían “el mexiquito” lleno de oportunidades.
Las transiciones políticas, económicas y sociales de México a través de los años han contado con la peculiaridad de que pese a los “cambios estructurales” o transformaciones, los esquemas de desigualdad se han continuado reproduciendo  a tal grado que cada vez es más claro que el ascensor social está fuera de servicio o solo sirve para unos cuantos toda vez que los factores que deberían impulsar la movilidad social de los habitantes han resultado ser los que la han bloqueado; ejemplo de ello es el sistema educativo.
No obstante que en los últimos 30 años  la inversión se multiplicó y el sistema educativo extendió su presencia en la geografía mexicana, el impacto tanto en el  salario como la productividad permanecen pasmado. Y así como los antes mencionados, otros tantos factores que debieran ser provocadores de igualdad se encuentran irrelevantes ante nuestra sociedad que cuenta con  desigualdad creciente que vulnera directamente la vida humana.
Cuando hablamos de desigualdad hay que hacer énfasis en la educación o el sistema educativo porque citando a Ricardo Raphael:
“Mientras la escuela no se constituya como el espacio privilegiado para la inclusión, el entendimiento y la cimentación de una comunidad donde todas las personas caben, independientemente de su propia diversidad, será difícil que en el resto de la sociedad cambie la estructura cultural que promueve e impulsa la discriminación y desigualdad.”
Lo anterior encuentra su lógica en el hecho que si se continúa permitiendo e incluso hasta fomentando la desigualdad en los espacios de formación (escuelas), indudablemente los esquemas nocivos de nuestra sociedad seguirán reproduciéndose indiscriminadamente.
Si bien la educación no representa la solución absoluta a los problemas de pobreza y desigualdad en México, ésta sí representa el principal detonante socioeconómico para conciliar comunidad y convergencia que por consenso de sociólogos y economistas, son fundamentales para avanzar hacia una sociedad mucho más igualitaria.

Por:

Alexis Olvera Pino.png

Estudiante de economía en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Director General #MÉXICOJOVEN

facebookAlexis Olvera Pino

twitterbird_rgb @pimelno10

 

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