Un ring las elecciones en el Edo. de México

La contienda electoral en el Estado de México está por llegar a su fin y con ella se agota también la paciencia de las y los mexiquenses. Una vez más, la clase política ha logrado conseguir lo que pareciera ser uno de sus principales objetivos: hartar a la ciudadanía.

En efecto, todo parece indicar que será una elección que pasará a la historia como una más del montón: vacía, llena de dimes y diretes, pero carente de ideas.

¿Acaso no lo entienden?

Carreteras tapizadas por espectaculares y bardas pintadas con los nombres de las candidatas y los candidatos no son suficientes, no sé ustedes, pero yo creo que nuestro Estado exige congruencia, empatía y generación de soluciones concretas y viables para las necesidades de la ciudadanía.

Vayamos por partes, Alfredo Del Mazo, candidato que, además de representar una política acartonada e inoperante que ha lacerado la entidad durante décadas, no ha sabido hacer una verdadera crítica de la administración en curso, su ya trillado discurso de “conservar lo bueno y mejorar lo que tengamos que mejorar” no convence.

No solo porque se ha repetido por más de 90 años, sino porque no está acompañado de ninguna ruta crítica. Nadie sabe de qué manera reestructurará el presupuesto de la entidad para implementar el denominado “salario rosa”, ni mucho menos nadie tiene la menor idea de la forma en la que cambiará el manejo de la seguridad pública y, en su caso, la razón por la cual el actual gobernador no ha implementado dichos cambios.

Ahora bien, lamentablemente la oposición también ha dejado mucho que desear. Empezando por la autodenominada izquierda mexiquense, y la llamo autodenominada porque de izquierda tiene poco: no hay una agenda clara -de ningún partido de “izquierda”- para abanderar las causas progresistas o al menos para posicionar temas como la protección y ampliación de los derechos humanos.

Pero bueno, la candidata que va al frente de esta “izquierda” es Delfina Gómez quien, más allá de su cuestionable capacidad para expresarse en público, se ha sentido cómoda en su papel de víctima y “representante del pueblo” pero de propuestas y soluciones le hemos escuchado poco o nada. Asimismo, sobredimensionar el hecho de ser hija de un albañil y de una ama de casa es, en sí mismo, un acto de incongruencia, ¿o acaso no aspiramos a construir una sociedad verdaderamente meritocrática donde independientemente de los orígenes de una persona lo realmente importante sea su preparación y trabajo?.

Por otro lado, es cierto que Juan Zepeda ha repuntado recientemente en las encuestas, pero también lo es que ha caído en el juego de confrontación orquestado por el resto de las candidatas y los candidatos y que ha dejado mucho que desear con su participaciones tibias y poco asertivas en los debates organizados por el IEEM. Esto último sin contar el hecho de que forma parte de una estructura partidista por demás resquebrajada. En este orden de ideas y moviéndonos un poco a la derecha en el espectro ideológico, Josefina Vázquez Mota ha demostrado una y otra vez no saber ser una buena candidata. No representa una alternativa, su falta de empatía y cercanía con la gente hace que su slogan de “más que un cambio” sea poco menos que un cliché.

Así es, parecería un mal chiste, pero no: no hay ni a quien irle. Merecemos más, estoy seguro que merecemos mucho más que panfletos y discursos obsoletos. La política no puede seguir siendo un ring de box donde gana quien resulta menos golpeado, debe ser el escenario para la deliberación y la confrontación de ideas, las cuales, han pasado a segundo, tercer o último término en este proceso electoral. ¿Qué tenemos que hacer? Recordar en todo momento que las instituciones son de las ciudadanas y los ciudadanos, de nadie más. Por ello, sea quien sea quien quede al frente del ejecutivo estatal, nuestra labor es asegurarnos que cumplan al pie de la letra con sus obligaciones y exigir esquemas de transparencia y rendición de cuentas que nos permitan asegurarnos que cada peso del erario se use de manera eficiente.

Pero esto no sucederá de la noche a la mañana, debemos estar al pie del cañón y no caer en la comodidad de la crítica de sofá. Espero y confió en que pronto recordaremos estas elecciones y a esta clase política como una mala experiencia del pasado que nos ayudó a despertar y a sentar las bases de una democracia participativa, inclusiva y verdaderamente representativa.

Vienen tiempos mejores… ya verán.

alexis-olvera-pino1

Aaron Bermejo Quintero

Estudiante del 4° de Economía en el CIDE

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