Se solicitan líderes

Corre la noche del 19 de octubre de 1996, cuando un jovencito jugador del Atlas de Guadalajara, originario de Zamora, Michoacán, con tan solo 17 años debuta en primera división en un partido frente a los PUMAS de la UNAM. La elegancia, liderazgo y visión de campo se hizo notoria desde los primeros minutos en el terreno de juego, cualidades que no tardaron en reconocer los expertos deportivos. Sí, estoy hablando de Rafael Márquez Álvarez, un símbolo de nuestro deporte no sólo a  nivel nacional, sino internacional.

Sólo bastaron tres años para que, tras una brillante actuación en la Copa América de 1999, el A.S. Mónaco lo fichara. Decidido y confiando en sus habilidades como deportista, salió a probar suerte a Europa, debutando en la Liga francesa ante el Bastia el 14 de agosto de ese mismo año. Conquistó la Ligue 1 en su primera temporada en Francia, siendo elegido como el mejor central de la temporada. Ya en 2003 conseguiría otro trofeo con el equipo monegasco, la Copa de la Liga de Francia, consolidándose como uno de los mejores centrales del viejo continente.

En el mercado de verano de 2003, el F.C. Barcelona se hizo de sus servicios, y aquí comienza la historia de un mexicano que contra corriente, triunfó en el viejo continente, mostrando la capacidad que poseemos los mexicanos a nivel mundial.

En poco tiempo, “Rafa Márquez” se volvió un símbolo para nuestro país. Capitán de nuestra Selección Nacional, fue indispensable y responsable en muchos momentos de felicidad para nuestro fútbol. ¿Cómo olvidar aquel gol contra Argentina que anotó en el Mundial de Alemania 2006, que nos hizo ilusionar y emocionar con los octavos de final? Por momentos como esos, es por lo que recordaremos al mejor futbolista que ha dado México, incluso, me atrevo a decir, mejor que Hugo Sánchez.

Admirado por su disciplina, pasión y elegancia, que siempre fue reflejo dentro del campo y fuera de el, ha sido inspiración de jóvenes y no tan jóvenes, un ejemplo de vida que vale la pena seguir. Sonriente altruista, deportista, impecable, exitoso, integro padre de familia, nuestro disciplinado y joven capitán. ¿Quién se imaginaría que un tipo así, podría caer en la tentación y garras del  dinero del narcotráfico? Para los que crecimos viendo jugar a “Rafa Márquez”, la noticia de sus presuntos nexos en el lavado de dinero con el crimen organizado nos ha dejado consternados. Esta noticia, ha dejado un gran vacío en nuestra sociedad, en una sociedad en donde la corrupción, el narcotráfico y la pobreza son lo que vemos día con día.

Durante los últimos años, ante la ausencia de héroes, han surgido antihéroes, personajes que se han vuelto figuras públicas por su forma de vida, que por lo regular es extravagante, presuntuosa y llena de excesos. La mayoría de ellos, son narcotraficantes, personas “venidas a  más”, que han salido de la pobreza mediante negocios  ilegales. Se han vuelto un ejemplo a seguir de muchos jóvenes, principalmente de aquellos que viven rodeados de pobreza, haciéndolos creer que el narcotráfico es la vía más fácil para tener un futuro prometedor, una vida que anhela la mayoría.

¿En dónde podemos buscar, nosotros los jóvenes, ejemplos de figuras públicas limpias que vayan más allá de los vulgares “influencers”, la ostentación de los adinerados, políticos corruptos y la celebración de la cultura del narcotráfico en la música regional (y televisión)? Muchos, encontrábamos inspiración en el deporte, y en ese circuito el mejor era “Rafita”, sobre nombre por el que muchos aficionados lo conocemos. En cuestión de liderazgo ejemplar, los jóvenes mexicanos nos encontramos en un estado de orfandad.

Y qué decir de los políticos, que lejos de ser una inspiración, han sido una completa decepción. Rodeados de una podredumbre de corrupción y narcisismo, le han hecho a nuestro país el mismo daño que le puede hacer un cartel de drogas.

No me preocupa el jugador, me preocupa la generación que se puede perder si seguimos construyendo un México en donde nuestras figuras públicas sean personas emanadas del narcotráfico, la corrupción y la vulgaridad. Quiero creer en la inocencia de Rafita, quiero creer que en México aún existen personajes en todos los ámbitos que pueden ser motivo de inspiración, quiero creer en nosotros. De lo contrario, ¡qué tragedia!.

 

 

Por:

ever-olea

 

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