Y ahora, ¿A qué se dedicarán los priístas?

Desde el día 1 de junio las cosas cambiaron para México.

Para algunas personas ganó la democracia para otras ganó el populismo y el peligro para México, sin embargo, lo cierto es que solo en 6 años sabremos la respuesta.

El 1 de julio después de las 6 de la tarde el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRI estaba desierto, se respiraba desesperanza y probablemente hasta impotencia, al filo de las 8 de la noche salió el candidato a la presidencia, José Antonio Meade Kuribeña a reconocer que las encuestas no lo favorecían, luego de dos horas de haber cerrado las casillas, se estaba proclamando perdedor y reconocía el triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

Acto seguido en conferencia de prensa Ricardo Anaya Cortés (PAN) y el independiente, Jaime Rodríguez Calderón (el bronco), ambos candidatos al mismo puesto, reconocieron el triunfo de quien fuera el peligro para México, pero ¿Qué ha pasado con el PRI?

Se rumora que un documento circuló entre la militancia priísta, acusando a todas luces al actual presidente Enrique Peña Nieto y a la “generación de la vergüenza” por la debacle electoral del PRI.

Los militantes exigieron que tanto Peña como sus funcionarios se abstengan de involucrarse en la “refundación” del partido, ya que su frivolidad y prepotencia llevaron a la humillación de todos los priístas del país.

Todo este “bache” incio hace más de 18 años, para ser exactos desde que estaba en el gobierno Ernesto Zedillo, justo en ese momento era más que evidente que tarde o temprano dejarían de ser la crema y nata de la política mexicana.

Ahora bien, la victoria de AMLO no significa más que un grito desmedido de auxilio del pueblo, pues se le hizo entrega de la presidencia a un socialista y campeón descarado de la clase trabajadora, debido a que México ha sido gobernado por tecnócratas, pro negocios y líderes de credibilidad.

Luego de ser anunciado como el virtual ganador de las elecciones de 2018, AMLO ha sido catalogado como una especie de Donald Trump mexicano por ofrecer expectativas poco realistas y protestar contra las “elites”.

La comparación es ridícula, es evidente que hoy en día es muy difícil distinguir entre un socialista demócrata moderado y un fascista insensato como Donald Trump, incluso López Obrador es mucho más parecido a Bernie Sanders, pues ambos favorecen al gasto en temas de educación, atención médica y programas de empleo.

López Obrador como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se ocupo de muchos aspectos prácticos que requería la metrópolis y dejo una calificación aprobatoria del 84 por ciento, pues dejo el índice más bajo en desempleo e inseguridad de los últimos dos sexenios.

Para los mexicanos, se acabaron las “casas blancas”, los hijos de funcionarios con aires de grandeza, los militantes “alzados”. Se acabó la mina de oro del PRI desde el momento en que la nación se unió para sacar a la supuesta fuerza política del país.

La pregunta es, ¿Cuánto tiempo le queda de vida al PRI?.

 

ANÁLISIS Y OPINIÓN POR:

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“La voz ciudadana”

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