De la Constitución de 1917 a la de 2019 ¿102 años de la misma o diferente Constitución?

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es el conjunto de disposiciones, normas y principios que delimitan la actuación y funcionamiento de los poderes del Estado y reconocen los derechos de todas las personas que nos encontramos en México, incluyendo a las extranjeras, con el fin de lograr una convivencia armónica, alcanzar el bien común y lograr el desarrollo del país.

Es un hecho que la Constitución de hoy se ha renovado tras grandes cambios desde aquella promulgada un 5 de febrero de 1917 que consagraba un nuevo paradigma para los años de lucha por los derechos sociales y que sin duda marcó un giro total en la vida de todas las mexicanas y los mexicanos.

En palabras de Héctor Fix Fierro, gran jurista constitucionalista, la Constitución es la única norma que es de todos y para todos. Una norma que recoge principios de diferentes materias pero que tiene una relevancia propia que nos atañe a todos los y las ciudadanas. He aquí la esencia del derecho o materia constitucional.

Las Constituciones modernas y no es la excepción la de México, siguen una pauta regida por el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789: “Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de Constitución”.

Pero además de ser modernas, las constituciones son muy distintas dependiendo el Estado que la adopte. En esta dimensión las diferencias pueden ser relevantes. A modo de ejemplo tenemos que nuestra Constitución mexicana en su artículo 40 establece que la forma de Estado será una República representativa, democrática, laica y federal. A comparación, la Constitución de Argentina establece en sus artículos 1 y 2 que la Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana y federal pero que “el Gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico, romano”. Éste es un claro ejemplo de que las constituciones obedecen principios particulares de cada nación.

En México contamos con una Constitución de 102 años de vigencia y desde la fecha de su promulgación en 1917, ha sido y seguirá siendo un referente en la historia del constitucionalismo mundial. Sin embargo, eso no es suficiente para la Constitución mexicana de 2019. Se trata de la misma Constitución con su mismo espíritu, pero, materialmente, son dos textos muy distintos. De hecho, la Constitución vigente es tres veces más extensa que la original.

Y basta decir que desde 1921, en que se hizo la primera modificación, hasta agosto de 2018, el texto de la Constitución ha sufrido 707 cambios a través de 233 decretos de reforma constitucional. La Constitución mexicana ha pasado de sus 21 mil 382 palabras originales a 111 mil 783, sin contar con los cambios aprobados después de esa fecha, ni los que están por discutirse en este periodo ordinario de sesiones (como la Guardia Nacional y/o la prisión preventiva de oficio).

Entre los artículos más modificados se encuentran el 73, que se refiere a facultades del Congreso; el 123, relativo al trabajo; el 27, sobre propiedad de la tierra y el 89, en torno a las facultades del Ejecutivo federal. Estos cuatro artículos se han modificado 144 veces, lo que representa 20% del total de veces que se ha reformado la Constitución.

Así que los cambios legales a la Constitución mexicana han sido un instrumento útil para encauzar la vida social y política del país de manera relativamente institucionalizada, permitiendo atender problemas sociales, realizar cambios políticos y económicos del Estado, o bien, para implementar agendas y programas gubernamentales.

Sin embargo, la Constitución es un documento que, además de extenso (uno de los más extensos del mundo), es ambiguo, confuso y farragoso. Lo que tenemos es una Constitución técnicamente muy defectuosa.

Retos y desafíos pendientes en la Constitución de hoy

Para el fortalecimiento del Estado de Derecho, es fundamental una Constitución que sea clara y que el resto del ordenamiento se articule en torno a la misma, donde estén sentadas las bases para que la vida política y social transcurra por sendas institucionales. A lo que debe anhelar México con su Constitución es que exista una “cultura constitucional” donde todas las personas, las y los ciudadanos de a pie, conozcan el texto constitucional, discutan su contenido, argumenten echando mano del mismo y, principalmente conozcan y hagan valer los derechos humanos contenidos en ella. Pues, recordemos que, en democracia, la Constitución Política es el barco en donde cabemos todas las personas.

 

ANÁLISIS Y OPINIÓN POR:

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Licenciado en Derecho por la Universidad de Guanajuato.

facebook Max Santiago Ibarra

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